13. Para encontrar el justo " camino " de la oraci贸n, el cristiano debe considerar lo que se ha dicho precedentemente a prop贸sito de los rasgos relevantes del camino de Cristo, cuyo " alimento es hacer la voluntad del que (le) ha enviado y llevar a cabo su obra " (Jn 4, 34). Esta es la uni贸n m谩s estrecha e 铆ntima -traducida continuamente en oraci贸n profunda- que Jes煤s vive con su Padre. La voluntad del Padre le env铆a a los hombres, a los pecadores; m谩s a煤n, a los que le matar谩n. Y la forma de estar m谩s 铆ntimamente unido al Padre es obedecer a esa voluntad. Sin embargo, eso de ninguna manera impide que, en el camino terreno, se retire tambi茅n a la soledad para orar, para unirse al Padre y recibir de El nuevo vigor para su misi贸n en el mundo. Sobre el Tabor, donde su uni贸n con el Padre aparece de manera manifiesta, se evoca su Pasi贸n (cfr. Lc 9, 31) y all铆 ni siquiera se considera la posibilidad de permanecer en " tres tiendas " sobre el monte de la Transfiguraci贸n. Toda oraci贸n contemplativa cristiana remite constantemente al amor del pr贸jimo, a la acci贸n y a ala pasi贸n, y, precisamente de esa manera, acerca m谩s a Dios.
14. Para aproximarse a ese misterio de la uni贸n con Dios, que los Padres griegos llamaban divinizaci贸n del hombre, y para comprender con precisi贸n las modalidades en que se realiza, es preciso ante todo tener presente que el hombre es esencialmente criatura 8 y como tal permanece para siempre, de tal forma que nunca ser谩 posible una absorci贸n del yo humano en el Yo divino, ni siquiera en los m谩s altos estados de gracia. Pero se debe reconocer que la persona humana es creada " a imagen y semejanza " de Dios, y el arquetipo de esta imagen es el Hijo de Dios, en el cual y para el cual hemos sido creados (cfr. Col 1, 16). Ahora bien, este arquetipo nos descubre el m谩s grande y bello misterio cristiano: el Hijo es desde la eternidad " otro " respecto al Padre y, sin embargo, en el Esp铆ritu Santo, es " de la misma naturaleza ": por consiguiente, el hecho de que haya una alteridad no es un mal, sino m谩s bien el m谩ximo de los bienes. Hay alteridad en Dios mismo, que es una sola naturaleza en Tres Personas, y hay alteridad entre Dios y la criatura, que son por naturaleza diferentes. Finalmente en la sagrada eucarist铆a, como tambi茅n en los otros sacramentos - y an谩logamente en sus obras y palabras- Cristo se nos da a s铆 mismo y nos hace part铆cipes de su naturaleza divina 9 , sin, por otro lado, suprimir nuestra naturaleza creada, de la que 茅l mismo participa con su encarnaci贸n.
15. Si se consideran un conjunto estas verdades, se descubre, con gran sorpresa, que en la realidad cristiana se cumplen, por encima de cualquier medida, todas las aspiraciones presentes en la oraci贸n de las otras religiones, sin que, como consecuencia, el yo personal y su condici贸n de criatura se anulen y desaparezcan en el mar del Absoluto. " Dios es Amor " (1 Jn 4, 8): esta afirmaci贸n profundamente cristiana puede conciliar la uni贸n perfecta con la alteridad entre amante y amado, el eterno intercambio con el eterno di谩logo. Dios mismo es este eterno intercambio, y nosotros podemos verdaderamente convertirnos en part铆cipes de Cristo, como " hijos adoptivos ", y gritar con el Hijo en el Esp铆ritu Santo : " Abba, Padre ". En este sentido, los Padres tienen toda la raz贸n al hablar de divinizaci贸n del hombre que, incorporado a Cristo Hijo de Dios por naturaleza, se hace, por su gracia, part铆cipe de la naturaleza divina, " hijo en el Hijo". El cristiano, al recibir al Esp铆ritu Santo, glorifica al Padre y participa realmente de la vida trinitaria de Dios.
漏 Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada integralmente por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos losderechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Patrimonio cultural com煤n. Hecho el dep贸sito legal.