Quien más espera y anhela el nacimiento del bebé es, ordinariamente, la mamá, pues ella lo ha estado sintiendo crecer en su interior. Más todavÃa, el vÃnculo no es sólo fÃsico, sino también afectivo y espiritual.
La Virgen MarÃa es la que más espera la Navidad, el Nacimiento de Cristo Jesús. Tras el “sÆque le hizo a Dios en el diálogo que tuvo con el Arcángel Gabriel, ella paulatinamente empezó a sentir dentro de su cuerpo cómo empezó a formarse el cuerpecito de Jesús.
Sabemos que MarÃa quedó embarazada sin participación de varón; pero la gestación de Jesús se realizó según el proceso natural. De modo que el óvulo fecundado por el EspÃritu Santo, rápidamente se fue desarrollando en su multiplicación celular, hasta llegar a sentir MarÃa la presencia de un nuevo cuerpo humano dentro del suyo, con todas las emociones que esto significa para la mamá. José no hallaba qué actitud asumir ante el hecho, pensando dejar a MarÃa en secreto, hasta que Dios le avisa que no dude en aceptar a MarÃa y lo que ha sucedido en ella. José mismo tendrá parte en esta misión.
MarÃa habÃa ofrecido a Dios su virginidad; ella no se imaginaba que Dios le aceptarÃa dicha ofrenda, pero también le regalarÃa la maternidad. ¡Y qué maternidad: ser la madre del MesÃas, largamente esperado!. AsÃ, MarÃa sintetiza y plenifica la esperanza del pueblo de Israel, anunciada por los profetas, el último de ellos Juan Bautista. Los diversos tÃtulos con que la aclamamos en estos dÃas, entran de lleno en el espÃritu del Adviento: Inmaculada Concepción, Virgen de Juquila, Nuestra Señora de Guadalupe.
Oh MarÃa, llena de gracia, preservada de todo pecado desde el primer instante de tu concepción, abogada de gracia y ejemplo de santidad, intercede por nosotros ante tu Hijo, para que seamos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor, acogiendo y celebrando el don de la vida humana, desde su concepción hasta su término natural.
Madre de Guadalupe, que desciendes al Tepeyac para entregarnos a tu Hijo, te nos das como Madre y nos acoges en tu regazo, recibe este pueblo tuyo y derrama todo tu amor, compasión, auxilio y defensa. Ayúdanos a escuchar a tu Hijo Cristo Jesús, a seguirlo como discÃpulos perseverantes y anunciarlo como ardorosos misioneros. Con tu intercesión, queremos profundizar en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz.
MarÃa, Madre Buena, queremos caminar contigo y crecer en la esperanza que nos lleva a la Navidad, para celebrar gozosos el fruto bendito de tu vientre, Jesús.
+ Rodrigo Aguilar MartÃnez
Obispo de Tehuacán
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