Según los últimos documentos de la Iglesia sobre las Comunicaciones Sociales
“Es indispensable que los medios defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su dignidad. Más de uno piensa que es necesaria una “infoéticaâ€, asà como existe la bioética en el campo de la medicina y de la investigación cientÃfica sobre la vida†(Benedicto XVI)
JESÚS es el modelo y el criterio de nuestra comunicación. Para quienes están implicados en la comunicación social —responsables de la polÃtica, comunicadores profesionales, usuarios, sea cual sea el papel que desempeñen— la conclusión es clara: «Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. (...) No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen» (Ef 4,25.29). Servir a la persona humana, construir una comunidad humana fundada en la solidaridad, en la justicia y en el amor, y decir la verdad sobre la vida humana y su plenitud final en Dios han sido, son y seguirán ocupando el centro de la ética en los medios de comunicación. (Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales. Ética en las Comunicaciones Sociales, 33).
Al recordar en su mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales el importante papel que los medios de comunicación han adquirido en la sociedad actual, el Santo Padre Benedicto XVI da un paso decisivo más al reclamar la inclusión de la comunicación social en la que denomina “cuestión antropológica†y reivindicar que, para preservar la defensa de la dignidad de la persona humana por parte de los medios, “es necesaria una “infoéticaâ€, asà como existe la bioética en el campo de la medicina y de la investigación cientÃfica sobre la vidaâ€.
La Iglesia, fiel su vocación de servicio a la humanidad, tiene, en este sentido, una gran aportación que hacer al mundo de la comunicación: “Su contribución especial a las realidades humanas, incluyendo el mundo de las comunicaciones sociales, es «precisamente el concepto de la dignidad de la persona, que se manifiesta en toda su plenitud en el misterio del Verbo encarnado» (Centesimus annus, 47). Como afirma el Concilio Vaticano II, «Cristo el Señor, Cristo el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación» (Gaudium et spes, 22)†(PCCS. Ética en las comunicaciones Sociales, n. 5).
La cuestión antropológica reclama ineludiblemente la consideración ética y moral: la “infoéticaâ€, como la denomina el Papa. En desarrollar esta consideración y ayudar a ponerla en práctica a los actores implicados en los procesos comunicativos (comunicadores, empresarios, autoridades, público, etc,) tienen los cristianos –pastores y fieles- una de sus tareas más importantes y urgentes en el apostolado de las comunicación, ineludible para la propia Iglesia que no sólo ha de atender este ámbito pastoral, sino que todas su acciones han de ser más comunicativas en la sociedad de la información que nos ha tocado vivir.
Para contribuir humildemente a esta importante tarea que el Papa Benedicto XVI nos señala, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española ha elaborado, con la importante colaboración del profesor Jesús Manuel Conderana, de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, este fascÃculo titulado “50 preguntas y respuestas sobre Infoéticaâ€.
Su carácter es divulgativo y en absoluto quiere ser exhaustivo, sino una ayuda para difundir entre los fieles la gran riqueza de los últimos documentos de la Iglesia sobre las comunicaciones sociales, muchas veces desconocidos no sólo por el gran público, sino también por los profesionales de la comunicación.
José MarÃa Gil Tamayo
Director del Secretariado
de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social
Porque son “el primer areópago de los tiempos modernos†ya que en ellos “la Iglesia encuentra un excelente apoyo para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, asà como para defender los sólidos principios que son indispensables en la construcción de una sociedad respetuosa con la dignidad de la persona humana y del bien común. La Iglesia los utiliza también para difundir informaciones sobre ella misma y para ampliar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, considerando su uso como una respuesta al mandato del Señor: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’†(Mc 16, 15)†(Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 3. 7).
No. "La Iglesia asume los medios de comunicación social con una actitud fundamentalmente positiva y estimulante. No se limita simplemente a pronunciar juicios y condenas; por el contrario, considera que estos instrumentos no sólo son productos del ingenio humano, sino también grandes dones de Dios y verdaderos signos de los tiempos (cf. Inter mirifica, 1; Evangelii nuntiandi, 45; Redemptoris missio, 37). La Iglesia desea apoyar a los profesionales de la comunicación, proponiéndoles principios positivos para asistirles en su trabajo, a la vez que fomenta un diálogo en el que todas las partes interesadas —hoy está implicada una gran parte de la humanidad— puedan participar†(Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (PCCS). Ética en las comunicaciones sociales, 4).
"La Iglesia, que es maestra de humanidad en virtud del mensaje de salvación confiado por su Señor, siente el deber de dar su propia contribución en aras de una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades que conlleva el actual desarrollo de las comunicaciones sociales" porque éstas "influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman su mentalidad y determinan su visión de las cosas". Además, debido a los fuertes vÃnculos que los medios de comunicación tienen con la economÃa, la polÃtica y la cultura, se hace preciso un sistema de gestión que pueda salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, la primacÃa de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 10).
“La contribución especial que la Iglesia ofrece al debate en este campo consiste en una visión de la persona humana, de su incomparable dignidad y de sus derechos inviolables, y en una visión de la comunidad humana cuyos miembros están unidos en virtud de la solidaridad con vistas al bien común de todos. La necesidad de estos dos conceptos es especialmente urgente «cuando se está obligado a constatar el carácter parcial de propuestas que elevan lo efÃmero al rango de valor, creando ilusiones sobre la posibilidad de alcanzar el verdadero sentido de la existencia»; al faltar esas visiones, «muchos llevan una vida casi hasta el lÃmite de la ruina, sin saber bien lo que les espera» (Fides et ratio, 6)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 30).
“La cultura del memorial de la Iglesia puede salvar a la cultura de la fugacidad de la "noticia" que nos trae la comunicación moderna, del olvido que corroe la esperanza; los medios, en cambio, pueden ayudar a la Iglesia a proclamar el Evangelio en toda su perdurable actualidad, en la realidad de cada dÃa de la vida de las personas. La cultura de sabidurÃa de la Iglesia puede salvar a la cultura de información de los mass-media de convertirse en una acumulación de hechos sin sentido; y los medios pueden ayudar a la sabidurÃa de la Iglesia a permanecer alerta ante los impresionantes nuevos conocimientos que ahora emergen. La cultura de alegrÃa de la Iglesia puede salvar la cultura de entretenimiento de los medios de convertirse en una fuga desalmada de la verdad y la responsabilidad; y los medios pueden ayudar a la Iglesia a comprender mejor cómo comunicar con la gente de forma atractiva y que a la vez deleite. Estos son algunos ejemplos de cómo una cooperación más estrecha en un espÃritu de amistad y a un nivel más profundo puede ayudar a ambos, la Iglesia y los medios de comunicación social, a servir a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo en su búsqueda del sentido y la realización†(Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 3-4).
La Iglesia católica desea participar junto con otras organizaciones en un diálogo público sobre estas cuestiones. “La Iglesia no pretende dictar estas decisiones y estas elecciones, sino que trata de proporcionar una verdadera ayuda, indicando los criterios éticos y morales aplicables a este campo, criterios que se encontrarán en los valores a la vez humanos y cristianosâ€. “La Iglesia no puede imponer sus respuestas, pero puede y debe proclamar al mundo las respuestas que posee; y hoy, como siempre, ofrece la única respuesta totalmente satisfactoria a los interrogantes más profundos de la vida: Jesucristo, que ‘manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación’†(PCCS. Ética en Internet,18).
Pues sÃ, dado que “a pesar de su inmenso poder, los medios de comunicación son y seguirán siendo sólo medios, es decir, instrumentos, herramientas disponibles tanto para un uso bueno como para uno malo. A nosotros corresponde elegir†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 28).
“Los medios de comunicación pueden a veces reducir a los seres humanos a simples unidades de consumo, o a grupos rivales de interés; también pueden manipular a los espectadores, lectores y oyentes, considerándolos meras cifras de las que se obtienen ventajas, sea en venta de productos sea en apoyo polÃtico. Y todo ello destruye la comunidad. La tarea de la comunicación es unir a las personas y enriquecer su vida, no aislarlas ni explotarlas. Los medios de comunicación social, usados correctamente, pueden ayudar a crear y apoyar una comunidad humana basada en la justicia y la caridad; y, en la medida en que lo hagan, serán signos de esperanza†(Juan Pablo II, Mensaje para la 32ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales. Año 1998, n. 4).
"Los medios de comunicación están llamados a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa misión impulsando a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en la libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo" (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 6).
1. Económicos. El mercado puede servir a la persona "y los medios de comunicación desempeñan un papel indispensable en una economÃa de mercado. La comunicación social sostiene los negocios y el comercio, contribuye a estimular el progreso económico, el empleo y la prosperidad, promueve mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes y el desarrollo de otros nuevos, fomenta la competencia responsable con vistas al interés público, y permite que la gente haga opciones informadas, dándole a conocer la disponibilidad y las caracterÃsticas de los productos".
2. PolÃticos. "Los medios de comunicación son indispensables en las sociedades democráticas actuales. Proporcionan información sobre cuestiones y hechos, sobre funcionarios y candidatos a cargos públicos. Permiten que los lÃderes se comuniquen rápida y directamente con el público sobre asuntos urgentes. Son importantes instrumentos de responsabilidad, llamando la atención sobre la incompetencia, la corrupción y los abusos de confianza, a la vez que ponen de relieve los casos de competencia, espÃritu cÃvico y cumplimiento del deber".
3. Culturales. Los medios de comunicación social facilitan el acceso a la literatura, al teatro, a la música y al arte y promueven asà un desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabidurÃa y la belleza. Los espectáculos populares sanos y de información útil reúnen a las familias, ayudan a las personas a resolver los problemas diarios, elevan el espÃritu de las personas enfermas, solas y ancianas, y alivian el tedio de la vida. "Los medios de comunicación también hacen posible que los grupos étnicos se estimen y celebren sus tradiciones culturales, compartiéndolas con los demás y transmitiéndolas a las nuevas generaciones. En particular introducen a los niños y a los jóvenes en su patrimonio cultural. Los comunicadores, como los artistas, sirven al bien común preservando y enriqueciendo el patrimonio cultural de las naciones y los pueblos (cf. Juan Pablo II, Carta a los artistas, 4)".
4. Educativos. "Los medios de comunicación son importantes instrumentos de educación en diferentes ámbitos, desde la escuela hasta el lugar de trabajo, y en muchas etapas de la vida. [...] Los medios de comunicación son instrumentos educativos normales en muchas aulas. Y, más allá de las paredes del aula, los medios de comunicación, incluida Internet, superan las barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos en conventos, a las personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos, y a muchos otros".
5. Religiosos. "La vida religiosa de mucha gente se enriquece mucho gracias a los medios de comunicación, que transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehÃculos para la evangelización y la catequesis". Por ejemplo, "a lo largo de los años los medios de comunicación han llevado las palabras y las imágenes de las visitas pastorales del Santo Padre a miles de millones de personas" (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 7-11).
Sà es cierto. En las mismas áreas anteriormente señaladas pueden aparecer perjuicios para la persona.
1. Económicos. “Los medios de comunicación se usan a veces para construir y apoyar sistemas económicos que sirven a la codicia y a la avidez. El neoliberalismo es un caso tÃpico: «Haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos, en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos» (Juan Pablo II, Ecclesia in America, 56). En dichas circunstancias, los medios de comunicación, que deben beneficiar a todos, son explotados en provecho de unos pocosâ€.
2. PolÃticos. “Los polÃticos sin escrúpulos usan los medios de comunicación para la demagogia y el engaño, apoyando polÃticas injustas y regÃmenes opresivos. Ridiculizan a sus adversarios y sistemáticamente distorsionan y anulan la verdad por medio de la propaganda y de planteamientos falsamente tranquilizadores. En este caso, más que unir a las personas, los medios de comunicación sirven para separarlas, creando tensiones y sospechas que constituyen gérmenes de nuevos conflictos.
Incluso en paÃses con sistemas democráticos, también es frecuente que los lÃderes polÃticos manipulen la opinión pública a través de los medios de comunicación, en vez de promover una participación informada en los procesos polÃticos. Se observan los convencionalismos de la democracia, pero ciertas técnicas copiadas de la publicidad y de las relaciones públicas se despliegan en nombre de polÃticas que explotan a grupos particulares y violan los derechos fundamentales, incluso el derecho a la vida (cf. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 70)â€.
3. Culturales. “La crÃtica condena con frecuencia la superficialidad y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin estar obligados a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberÃan tampoco caer en la vulgaridad o la degradación", pues tienen una ineludible responsabilidad educativa sobre los ciudadanos a los que han de servir en verdad y justicia [...].
El problema presenta diversos aspectos. Uno de ellos se refiere a los temas complejos, cuando en vez de ser presentados con esmero y veracidad, los noticiarios los evitan o los simplifican excesivamente. Otro serÃan los programas de entretenimiento de tipo corruptor y deshumanizante, que incluyen y explotan temas relacionados con la sexualidad y la violencia. [...]
En el ámbito internacional, el dominio cultural impuesto a través de los medios de comunicación social también constituye un problema cada vez más serio. En algunos lugares las expresiones de la cultura tradicional están virtualmente excluidas del acceso a los medios populares de comunicación y corren el riesgo de desaparecer; mientras tanto, los valores de las sociedades ricas y secularizadas suplantan cada vez más los valores tradicionales de las sociedades menos ricas y poderosasâ€.
4. Educativos. “En lugar de promover la enseñanza, los medios de comunicación pueden distraer a la gente y llevarla a perder el tiempo. De este modo, los más perjudicados son los niños y los jóvenes, pero los adultos también sufren esa influencia de programas banales e inútiles. Una de las causas de este abuso de confianza por parte de los comunicadores es la avidez, que pone el lucro por encima de las personas.
De igual modo, los medios de comunicación se usan en algunas ocasiones como instrumentos de adoctrinamiento, con la intención de controlar lo que la gente sabe y negarle el acceso a la información que las autoridades no quieren que tenga. Ésta es una perversión de la educación auténtica, que se esfuerza por ampliar el conocimiento y la capacidad de las personas y ayudarles a perseguir propósitos elevados, sin limitar sus horizontes y sin aprovechar sus energÃas al servicio de ideologÃasâ€.
5. Religiosos. “En la relación entre los medios de comunicación social y la religión existen tentaciones por ambas partes.
Entre las tentaciones de los medios de comunicación están el ignorar o marginar las ideas y las experiencias religiosas; tratar a la religión con incomprensión, quizá hasta con desprecio, como un objeto de curiosidad que no merece una atención seria; promover las modas religiosas con menoscabo de la fe tradicional; tratar a los grupos religiosos legÃtimos con hostilidad; valorar la religión y la experiencia religiosa según criterios mundanos de lo que debe ser; preferir las concepciones religiosas que corresponden a los gustos seculares a las que no corresponden; y tratar de encerrar la trascendencia dentro de los confines del racionalismo y el escepticismo. Los actuales medios de comunicación reflejan la situación posmoderna del espÃritu humano, encerrado « dentro de los lÃmites de su propia inmanencia, sin ninguna referencia a lo trascendente†(Juan Pablo II. Fides et ratio, 81).
Por su parte, la religión puede tener tentaciones como formarse un juicio exclusivamente crÃtico y negativo de los medios de comunicación; no comprender que los criterios razonables de un buen uso de los medios de comunicación, como son la objetividad y la imparcialidad, pueden excluir un trato especial para los intereses institucionales de la religión; presentar los mensajes religiosos con un estilo emotivo y manipulado, como si fueran productos que compiten en un mercado saturado; usar los medios de comunicación como instrumentos para el control y el dominio; practicar innecesariamente el secreto, por lo demás pecando contra la verdad; minimizar la exigencia evangélica de conversión, arrepentimiento y cambio de vida, sustituyéndola con una religiosidad tibia que pide poco a la gente; e impulsar el integrismo, el fanatismo y el exclusivismo religioso, que fomentan el desprecio y la hostilidad hacia los demás†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 14-18).
“No sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación social reflejan las costumbres populares, dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 16).
“Una concepción de la comunicación... queda seriamente debilitada cuando los medios abandonan el concepto de servicio social o público que le es inherente y se dejan llevar, en cambio, de una lógica puramente mercantilista, que concibe la comunicación simplemente como “industria†o como terreno propicio para la inversión rentable, ya sea en sentido económico o polÃtico. Este enfoque “industrial†de la comunicación, especialmente del sector audiovisual, provoca la concentración de empresas informativas en auténticos oligopolios, no exentos de las correspondientes tutelas polÃticas afines, que condicionan, o al menos limitan, el acceso al mercado informativo de otras instituciones de notable arraigo social, a la par que excluyen también a las minorÃas.
Aunque en este sistema se mantenga de manera formal la libertad de expresión y de mercado, de hecho se hace muy difÃcil el acceso al terreno mediático para quienes no posean la solvencia económica necesaria, cada vez más inasequible, o no ofrezcan contenidos “rentablesâ€, como ocurre con los programas religiosos...
En esta concepción de la comunicación prima, además, en lo que se refiere a los contenidos, un perfil basado en la consecución de los máximos beneficios con los mÃnimos costos y para las mayores audiencias. Para justificarlo, sus promotores argumentan que ofrecen lo que pide el público, pero en realidad lo que se hace es satisfacer demandas previamente inducidas desde los propios medios. Se sacrifican asÃ, en aras del beneficio económico, valores éticos y estéticos elementales, necesarios para conseguir una imprescindible ecologÃa comunicativa.
Alcanzar una comunicación social a la medida de la dignidad de la persona y del bien común es responsabilidad de todos, no sólo de los empresarios y profesionales, sino también de las administraciones públicas, las cuales ciertamente han de garantizar la libertad de mercado y de información, pero, además, han de fomentar la difusión de los valores que favorecen la dignidad humana y dotar a los ciudadanos, especialmente a aquellos que son más débiles, de los medios materiales y legales necesarios para que puedan ejercer de forma real todos los derechos que, como personas, les corresponden†(CEMCS. Mensaje para la 35ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2001. nº 5).
En realidad no. La "neutralidad" en situaciones de graves de injusticias es ya una toma de postura que favorece al injusto. “Frente a graves injusticias, no basta que los comunicadores digan simplemente que su trabajo consiste en referir las cosas tal como son. Eso es indudablemente su tarea. Pero algunos casos de sufrimiento humano son en gran parte ignorados por los medios de comunicación, mientras informan acerca de otros; y en la medida en que esto refleja una decisión de los comunicadores, también refleja una selectividad inadmisible. De forma más fundamental aún, las estructuras y las polÃticas de comunicación y la distribución de tecnologÃa son factores que hacen que algunas personas sean «ricas en información» y otras «pobres en información», en una época en que la prosperidad, e incluso la supervivencia, dependen de la información. Por tanto, de este modo los medios de comunicación a menudo contribuyen a las injusticias y desequilibrios que causan el sufrimiento sobre el que informan: «Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos —individuos y naciones— las condiciones básicas que les permitan participar en dicho desarrollo» (Juan Pablo II. Centesimus annus, 35)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 14).
"Los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo con verdad y cuidado los acontecimientos, analizando en modo completo las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de verdad y de justicia, en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte donde situar una auténtica deontologÃa en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 3).
“Los comunicadores profesionales deberÃan participar activamente en la elaboración y aplicación de códigos éticos de comportamiento para su profesión, en colaboración con representantes públicos. Los organismos religiosos y otros grupos también deben participar en este esfuerzo continuo†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 23). Es decir, que la Iglesia se inclina fundamentalmente por la autorregulación de los propios medios, sin negar que puedan o deban existir otros mecanismos de regulación como el control estatal o el del público (cf. PCCS. Ética en Internet, 16).
Se imponen tres opciones fundamentales:
1. "Es necesaria una vasta tarea formativa para hacer que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que los medios de comunicación, en lugar de estar al servicio de las personas, lleguen a instrumentalizarlas y condicionarlas gravemente. Esto vale, en modo particular, para los jóvenes que manifiestan una propensión natural a las innovaciones tecnológicas y que, por esto mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crÃtico de los medios de comunicación".
2. Sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación corresponsable en su gestión hay que decir que, ‘si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar una mayor participación en su gestión, incluso por medio de medidas legislativas oportunas. Es necesario hacer crecer esta cultura de la corresponsabilidad’.
3. Los medios de comunicación tienen grandes potencialidades para favorecer el diálogo, convirtiéndose en vehÃculos de conocimiento recÃproco, de solidaridad y de paz. Por ello ‘constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, son un ‘arma’ destructiva si se usan para alimentar injusticias y conflictos’†(Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 11.
Los principios éticos que enunciaremos a continuación atañen al contenido de la comunicación (el mensaje), al proceso de comunicación (cómo se realiza la comunicación) y a cuestiones fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples asuntos de polÃtica acerca de la distribución de tecnologÃa y productos de alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?).
1. “El principio ético fundamental consiste en que la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la comunicación deberÃa realizarse de personas a personas, con vistas al desarrollo integral de las mismasâ€.
2. “El segundo principio es complementario del primero: el bien de las personas no puede realizarse independientemente del bien común de las comunidades a las que pertenecen. Este bien común deberÃa entenderse de modo Ãntegro, como la suma total de nobles propósitos compartidos en cuya búsqueda se comprometen todos los miembros de la comunidad, y para cuyo servicio existe la misma comunidad.
AsÃ, mientras la comunicación social se ocupa —y es natural— de las necesidades e intereses de grupos particulares, no deberÃa hacerlo de manera que enfrente a un grupo contra otro: por ejemplo, en nombre de la lucha de clases, del nacionalismo exagerado, de la supremacÃa racial, de la limpieza étnica u otros temas similares. La virtud de la solidaridad, que es « la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común» (Juan Pablo II. Sollicitudo rei socialis, 38), deberÃa gobernar todas las áreas de la vida social, económica, polÃtica, cultural y religiosaâ€.
3. El tercer principio es el de la libertad de expresión, porque “’cuantas veces los hombres, según su natural inclinación, intercambian sus conocimientos o manifiestan sus opiniones, están usando de un derecho que les es propio, y a la vez ejerciendo una función social’ (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 45: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 5). Sin embargo, considerada desde una perspectiva ética, esta presunción no es una norma absoluta e irrevocable. Se dan casos obvios en los que no existe ningún derecho a comunicar, por ejemplo el de la difamación y la calumnia, el de los mensajes que pretenden fomentar el odio y el conflicto entre las personas y los grupos, la obscenidad y la pornografÃa, y las descripciones morbosas de la violencia. Es evidente también que la libre expresión deberÃa atenerse siempre a principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privadaâ€.
4. El cuarto principio concierne a la participación pública en la elaboración de decisiones sobre la polÃtica de las comunicaciones. “En todos los niveles, esta participación deberÃa ser organizada, sistemática y auténticamente representativa, sin desviarse en favor de grupos particulares. Este principio se aplica siempre y, tal vez de manera especial, cuando los medios de comunicación son de propiedad privada y operan con fines de lucro. En el interés de la participación pública, los comunicadores «deben tratar de comunicarse con la gente, no sólo de hablarle. Eso implica conocer las necesidades de la gente, ser consciente de sus luchas y presentar todas las formas de comunicación con la sensibilidad que la dignidad humana exige» (Juan Pablo II, Discurso a los especialistas en comunicación, Los Ãngeles, 15 de septiembre de 1987, n. 4; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1987, p. 12)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 20-24).
El principal “deber de los usuarios de la comunicación social consiste en discernir y seleccionar. DeberÃan informarse acerca de los medios de comunicación —sus estructuras, su modo de actuar y sus contenidos— y hacer opciones responsables, de acuerdo con sólidos criterios éticos, sobre lo que conviene leer, ver o escucharâ€. Este deber exige formarse en el uso de los medios de comunicación (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Es también necesario recordar que la responsabilidad ética en la comunicación no sólo incumbe a los profesionales de los medios, sino también a las empresas mediáticas y al público, al que las nuevas tecnologÃas están posibilitando un mayor protagonismo en los procesos comunicativos, pudiendo elegir su propio “menú†de contenidos entre la cada vez mayor y más variada oferta de los medios. Siguiendo con este particular “examen de concienciaâ€, nos preocupa la creciente tendencia a la concentración empresarial, que está haciendo de la comunicación social para el sector financiero uno de sus objetivos más ambiciosos, con el consiguiente peligro para la pluralidad informativa y para el derecho de acceso a los medios de las minorÃas o de los grupos con menor poder económico.
El carácter de servicio público de todas las comunicaciones sociales no puede perderse de vista sin que se resquebraje la vida democrática de los pueblos. Lo mismo cabe decir de otras peculiaridades del ámbito comunicativo en las que entran en juego también derechos fundamentales de las personas, como es el de la información, que hace necesario que este sector no sea visto, sin más, como una “industria†rentable en la que invertir, sino como un ámbito de la vida social que hay que garantizar. Para disipar en este terreno toda amenaza son necesarios un adecuado sistema legal, que defienda para todos el justo y libre ejercicio del derecho a la información y una diligente vigilancia de las correspondientes Administraciones públicas, que hagan efectivo su cumplimiento†(CEMCS. Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2000. nº 5-6).
“Los medios de comunicación no exigen una nueva ética; lo que exigen es la aplicación de principios ya establecidos a las nuevas circunstancias†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 28).
La publicidad posee dos objetivos básicos: informar y persuadir, y - si bien estos dos propósitos son distintos - ambos se encuentran con frecuencia presentes simultáneamente (PCCS. Ética en la publicidad, 2).
En la sociedad de hoy, la publicidad tiene un profundo impacto en cómo las personas entienden la vida, el mundo y a sà mismas, especialmente en relación a sus valores y sus modos de elección y comportamiento. Estos son temas en los que Iglesia está y tiene que estar profunda y sinceramente interesada (PCCS. Ética en la publicidad, 1).
La publicidad también tiene un indirecto pero fuerte impacto en la sociedad a través de su influencia sobre los medios. Muchas publicaciones y operaciones radio-televisivas dependen para su supervivencia de los beneficios de la publicidad. Esto es cierto con frecuencia, tanto para los medios confesionales como para los comerciales. Por su parte los publicitarios buscan, naturalmente, conseguir audiencia; y los medios, esforzándose en proporcionársela, deben determinar su contenido para conseguir atraer el tipo de público de la medida y composición demográfica deseadas. Esta dependencia económica de los medios y el poder que confiere sobre los publicitarios comporta serias responsabilidades para ambos (PCCS. Ética en la publicidad, 3).
No podemos estar de acuerdo con esta afirmación. “Sin duda, la publicidad, como los medios de comunicación social en general, actúa como un espejo. Pero, también como los medios en general, es un espejo que ayuda a dar forma a la realidad que refleja y algunas veces, ofrece una imagen de la misma deformada.
Los publicitarios seleccionan los valores y actitudes que han de ser fomentados y alentados; mientras promocionan unos ignoran otros. Esta selectividad contradice la idea de que la publicidad no hace más que reflejar el entorno cultural (PCCS. Ética en la publicidad, 3).
Aun existiendo fundamento en algunas crÃticas la Iglesia sostiene que la publicidad tiene también un significativo potencial para el bien, que algunas veces adquiere formas concretas. Señalamos aquà algunos ejemplos que lo confirman.
Beneficios económicos de la publicidad. La publicidad puede jugar un importante papel en el proceso por el cual un sistema económico, guiado por normas morales y una sensibilidad hacia el bien común, contribuye al desarrollo humano. Esta es una parte esencial del funcionamiento de la moderna economÃa de mercado. […] En cuanto sistema, la publicidad puede ser un instrumento útil para apoyar honesta y éticamente una responsable competitividad que contribuya al crecimiento económico y al servicio del auténtico desarrollo humano (PCCS. Ética en la publicidad, 5).
Aspectos positivos de la publicidad polÃtica. La publicidad polÃtica puede hacer una contribución a la democracia análoga a su contribución al bienestar económico en un sistema de mercado guiado por normas morales. Asà como los medios, libre y responsablemente, en un sistema democrático, ayudan a contener las tendencias hacia la monopolización del poder por parte de las oligarquÃas e intereses privados, la publicidad polÃtica puede dar su contribución informando a las personas sobre las ideas y propuestas polÃticas de partidos y candidatos, incluyendo nuevos candidatos desconocidos para el público (PCCS. Ética en la publicidad, 6).
Beneficios culturales de la publicidad. A causa del impacto que la publicidad ejerce sobre los medios que dependen de ella para obtener ingresos, a los publicitarios se les ofrece la oportunidad de ejercer una influencia positiva sobre las decisiones referentes al contenido de los medios. Esto pueden hacerlo sosteniendo las producciones de excelente calidad intelectual, estética y moral de interés público en general. En especial pueden animar y hacer posible la presentación de programas orientados a minorÃas demasiado a menudo olvidadas (Ética en la publicidad, 7).
Beneficios morales y religiosos de la publicidad. En muchos casos, las instituciones de bienestar social, incluyendo aquellas de naturaleza religiosa, usan la publicidad para comunicar sus mensajes - mensajes de fe, de patriotismo, de tolerancia, de compasión y servicio al prójimo, de caridad hacia el necesitado, mensajes relacionados con la salud y la educación, mensajes constructivos y útiles que educan y motivan a la gente en muchos modos beneficiosos.
Para la Iglesia la participación en actividades relacionadas con los medios, incluyendo la publicidad, es hoy parte necesaria de la pastoral de conjunto Esto incluye tanto los propios medios de la Iglesia - prensa y ediciones católicas, televisión y radiodifusión, pelÃculas y producciones audiovisuales, y otros - y también su participación en los medios no confesionales (PCCS. Ética en la publicidad, 8).
Si la publicidad presenta al público unos artÃculos perjudiciales o totalmente inútiles, si se hacen promesas falsas en los productos que se venden, si se fomentan las inclinaciones inferiores del hombre, los difusores de tal publicidad causan un daño a la sociedad humana y terminan por perder la confianza y autoridad. Se daña a la familia y a la sociedad, cuando se crean falsas necesidades, cuando continuamente se les incita a adquirir bienes de lujo cuya adquisición puede impedir que atiendan a las necesidades realmente fundamentales. Por lo cual, los anunciantes deben establecerse sus propios lÃmites de manera que la publicidad no hiera la dignidad humana ni dañe a la comunidad. Ante todo debe evitarse la publicidad que sin recato explota los instintos sexuales buscando el lucro o, que de tal manera afecta al subconsciente, que se pone en peligro la libertad misma de los compradores (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 60).
Perjuicios económicos de la publicidad. La publicidad puede traicionar su papel como fuente de información por la mala representación y ocultando hechos importantes. Algunas veces también, la función de la información de los medios puede ser desnaturalizada por las presiones de los publicitarios en referencia a publicaciones o programas a fin de evitar cuestiones que podrÃan provocar embarazo o incomodidad.
Frecuentemente, sin embargo, la publicidad se usa no simplemente para informar sino para persuadir y motivar - para convencer a que la gente actúe en cierto modo: mediante la adquisición de ciertos productos o servicios, el patrocinio de ciertas instituciones, etc. Aquà es donde, especialmente, pueden darse abusos (PCCS. Ética en la publicidad, 10).
Perjuicios de la publicidad polÃtica. La publicidad polÃtica obstaculiza el proceso democrático cuando, por ejemplo, los costos de la publicidad limitan la participación polÃtica a los candidatos o grupos ricos o exigen que los candidatos al poder comprometan su integridad e independencia por una excesiva dependencia de intereses especiales hacia quienes aportan los fondos.
Semejante obstáculo al proceso democrático también se da cuando, en lugar de ser vehÃculo para exposiciones honestas de opiniones y programas de los candidatos, la publicidad polÃtica busca distorsionar las opiniones y los programas de los contrarios e injustamente ataca su reputación. Ello sucede cuando la publicidad reclama más las emociones y bajos instintos de las personas –egoÃsmos, pasiones y hostilidades hacia los demás, prejuicios raciales y étnicos y otros– en lugar de un razonado sentido de justicia y bien para todos (PCCS. Ética en la publicidad, 11).
Perjuicios culturales de la publicidad. “Hemos hablado de los perjuicios económicos que la publicidad puede ocasionar a naciones en desarrollo, cuando ésta fomenta el consumismo y destruye modelos de consumo. Consideremos también el daño cultural hecho a estas naciones y sus pueblos por anuncios cuyo contenido y métodos, que reflejan aquello que predomina en el "primer mundo", están en contraposición con los sanos valores tradicionales y culturas indÃgenas.
La indirecta, pero poderosa influencia ejercida por la publicidad sobre los medios de comunicación social que dependen de ingresos que proceden de esta fuente, hace nacer otra clase de preocupación cultural. En la lucha por atraer la mejor y más grande audiencia y ponerla a disposición de los publicitarios, los comunicadores pueden encontrar tentados –de hecho presionados, sutilmente o no tan sutilmente– a dejar de lado las normas morales y artÃsticas y a caer en la superficialidad y mal gusto†asà como a “ignorar las necesidades educacionales y sociales de ciertos segmentos de la audiencia --los más jóvenes, los más ancianos, los pobres - que no representan al modelo demográfico (edad, educación, ingresos, hábitos de compra y consumo, etc.) de los tipos de audiencias que los publicitarios desean conseguirâ€.
Con demasiada frecuencia, la publicidad contribuye a un estereotipo de individuos de grupos particulares que les sitúa en desventaja en relación a otros. A menudo esto es verdad en el modo en que la publicidad trata a las mujeres (PCCS. Ética en la publicidad, 12).
Perjuicios morales de la publicidad. La publicidad es moralmente degradante “cuando apela deliberadamente a móviles como la envidia, status social y codicia. Hoy, también algunos publicitarios buscan conscientemente conmocionar y turbar mediante contenidos de una suave, perversa, naturaleza pornográficaâ€.
Tampoco parece moralmente lÃcita la publicidad que “se usa para promocionar productos e inculcar actitudes y formas de comportamiento contrarias a las normas morales. Esto sucede, por ejemplo, con la publicidad de los contraconceptivos, los abortivos y productos que dañan a la salud, y con los gobiernos patrocinadores de campañas publicitarias en favor del control de la natalidad, también llamada " sexo seguro" y otras prácticas parecidas†(PCCS. Ética en la publicidad, 13).
Perjuicios religiosos de la publicidad. A veces “los publicitarios comerciales incluyen temas religiosos o usan imágenes o personajes religiosos para vender productos. Es posible hacer esto con buen gusto, de modo aceptable; sin embargo, la práctica corriente es detestable y ofensiva cuando implica aprovecharse de la religión o se trata con poca seriedad (PCCS. Ética en la publicidad, 13).
Se pueden señalar tres principios.
a. Veracidad en la publicidad. La publicidad, como otras formas de expresión, tiene su propio estilo y sus propias convenciones que hay que tener en consideración cuando se habla de la verdad. Se da por sentado lo inevitable de ciertas formar retóricas y exageraciones simbólicas de la publicidad; lo cual se puede permitir dentro de los lÃmites de una práctica reconocida y aceptada.
Pero un principio fundamental consiste en que la publicidad no puede engañar deliberadamente, ni implÃcita o explÃcitamente ni por Omisión. "El justo ejercicio del derecho a la información reclama que el contenido de lo que se comunica sea verdad y, dentro de los lÃmites fijados por la justicia y la caridad, completo... Aquà se incluye la obligación de evitar cualquier manipulación de la verdad por cualquier razón" (PCCS. Ética en la publicidad, 15).
b. La dignidad de la persona humana. Un "requisito imperativo" de la publicidad es que "respete la persona humana y su derecho/deber a hacer a hacer una elección responsable, su libertad interior; se vulneran todas estos bienes cuando se explotan las bajas inclinaciones del hombre, o se disminuye su capacidad de reflexionar y decidir". […] “El reclamo a la lujuria, la vanidad, la envidia y la avaricia, y de las técnicas que manipulan y explotan la debilidad humana†convierte a los anuncios rápidamente en "transmisores de una visión deformada de la vida, de la familia, de la religión y de la moralidadâ€. Este problema se hace especialmente agudo cuando están comprometidos grupos o clases de personas particularmente vulnerables: niños y jóvenes, los más ancianos, los pobres, los desaventajados culturalmente (PCCS. Ética en la publicidad, 16).
c. Publicidad y responsabilidad social. La responsabilidad social es un concepto tan amplio podemos señalar aquà sólo algunos de sus muchos problemas y preocupaciones relacionados el tema de la publicidad.
“La cuestión ecológica nos indica una de ellas. La publicidad que fomenta un estilo opulento de vida, que derrocha recursos y daña el medio ambiente infringiendo importantes preocupaciones ecológicas†es contraria a este principio.
La publicidad que reduce el progreso humano a la adquisición de bienes materiales y cultiva un opulento estilo de vida expresa una visión falsa, destructiva, de la persona humana, igualmente perjudicial, tanto para individuos como para sociedades.
Los publicitarios, asà como las personas que se ocupan de otras formas de comunicación social, tienen la seria obligación de expresar y fomentar una auténtica visión del desarrollo humano en sus dimensiones material, cultural y espiritual (PCCS. Ética en la publicidad, 17).
Quienes se ocupan de publicidad, mujeres y hombres, han de poseer una conciencia sensible, altas normas éticas y un robusto sentido de la responsabilidad. Pero incluso para ellos, las presiones externas –desde los clientes que contratan su trabajo hasta la dinámica competencia interna de su profesión– pueden crear una fuerza que los induzca a un comportamiento carente de ética. Lo que subraya la necesidad de estructuras y sistemas externos que soporten y animen prácticas responsables en publicidad y desalienten las irresponsables.
Los códigos éticos surgidos por iniciativa propia en varios lugares son una de las fuentes de ayuda. […] También lo es el compromiso del público. “Representantes del público tendrÃan que participar en la formulación, aplicación y actualización periódica de los códigos deontológicosâ€. Asà mismo la regulación estatal de la publicidad serÃa un medio de ayuda siempre que fuera más allá de la prohibición de la publicidad engañosa "promulgando leyes y vigilando su aplicación, las autoridades públicas tendrÃan que impedir que ‘la moral pública y el progreso social se pongan gravemente en peligro’ a través de los abusos de estos medios" (PCCS. Ética en la publicidad, 18-20).
Sin embargo “allà donde las prácticas carentes de ética se hayan extendido y atrincherado, hay que solicitar a los publicitarios responsables su sacrificio y generosidad personal a fin de corregir la situación. Las personas que desean actuar de modo moralmente recto, tienen que estar dispuestas a sufrir pérdidas y perjuicios personales antes que permitirse una actuación incorrecta. Esto es un deber para los cristianos, pero no solamente para ellos†(PCCS. Ética en la publicidad, 23).
Son los mismos principios que ya hemos señalado para los comunicadores. Pero se puede poner de relieve alguno en especial dado que “Internet es el último y, en muchos aspectos, el más poderoso de una serie de medios de comunicación —telégrafo, teléfono, radio y televisión— que durante el último siglo y medio ha eliminado progresivamente el tiempo y el espacio como obstáculos para la comunicación entre un gran número de personas. Tiene enormes consecuencias para las personas, para las naciones y para el mundo†(PCCS. Ética en Internet, 2) y pone de manifiesto de manera muy especial la globalización que se está produciendo en nuestro mundo. Precisamente esta caracterÃstica hace que resaltemos el bien común como principio que debe ser tenido especialmente en cuenta en Internet. Por “bien común†entendemos “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección†(Vaticano II. Gaudium et Spes, 26).
“La virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común es la solidaridad. No se trata de un sentimiento ‘superficial por los males de tantas personas’, sino de ‘una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos’ (SRS 38). Especialmente hoy, la solidaridad tiene una clara y fuerte dimensión internacional; es correcto hablar del bien común internacional, y es obligatorio trabajar por él†(PCCS. Ética en Internet, 3; cf. 15).
No. La Iglesia no considera Internet "fundamentalmente como una fuente de problemas, sino, más bien, como una fuente de beneficios para la raza humana. Pero estos beneficios sólo se lograrán plenamente si se resuelven los problemas que le son propios". Concretamente "esta tecnologÃa puede ser un medio para resolver problemas humanos, promover el desarrollo integral de las personas y crear un mundo regido por la justicia, la paz y el amor. En la actualidad, [...] los medios de comunicación tienen la capacidad de hacer de cualquier persona, en cualquier lugar que se encuentre, un compañero "en los asuntos y dificultades que afectan a la humanidad entera". Esto será asà si tomamos la firme determinación de practicar la solidaridad al servicio del bien común tanto dentro de las naciones como entre ellas. Porque "hoy lo sabemos mejor que ayer: no estaremos nunca felices y en paz los unos sin los otros; y mucho menos los unos contra los otros". Esto será una expresión de la espiritualidad de comunión, que es "capacidad para ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios", asà como capacidad para "saber ‘dar espacio’ al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Gal 6, 2) y rechazando las tentaciones egoÃstas que continuamente nos acechan" (PCCS. Ética en Internet, 5-6).
“Internet puede dar una contribución muy valiosa a la vida humana. Puede fomentar la prosperidad y la paz, el crecimiento intelectual y estético, y la comprensión mutua entre los pueblos y las naciones a escala mundial†(PCCS. Ética en Internet, 18).
“Una de las más importantes se refiere a lo que hoy se denomina ‘brecha digital’, una forma de discriminación que separa a los ricos de los pobres, tanto dentro de las naciones como entre ellas, sobre la base del acceso o no a la nueva tecnologÃa de la información. En este sentido, es una versión actual de la antigua brecha entre ‘ricos en información’ y ‘pobres en información’. […]
Mientras se perfila la nueva economÃa global, la Iglesia se preocupa de que ‘este proceso sea de la humanidad entera, y no sólo de una élite rica que controla la ciencia, la tecnologÃa, la comunicación y los recursos del planeta’, es decir, la Iglesia desea ‘una globalización que esté al servicio de toda la persona y de todas las personas’. La brecha digital va en perjuicio, sobre todo, de la mujer (PCCS. Ética en Internet,10).
A la Iglesia le preocupan, sobre todo, los efectos sobre la cultura. “Las nuevas tecnologÃas de la información e Internet, precisamente como instrumentos poderosos del proceso de globalización, transmiten y ayudan a inculcar un conjunto de valores culturales —modos de pensar sobre las relaciones sociales, la familia, la religión y la condición humana—, cuya novedad y fascinación pueden cuestionar y destruir las culturas tradicionales.
El diálogo y el enriquecimiento intercultural son sin duda alguna muy deseables. [...] Pero esto ha de ser un camino de doble sentido. Las culturas tienen mucho que aprender unas de otras y la imposición a escala mundial de puntos de vista y valores de una cultura a otra no significa diálogo, sino imperialismo cultural.
La dominación cultural es un problema particularmente serio cuando la cultura dominante transmite falsos valores, enemigos del verdadero bien de las personas y grupos. Tal como están las cosas, Internet, junto con los otros medios de comunicación social, está transmitiendo mensajes cargados de valores de la cultura secular occidental a pueblos y sociedades en muchos casos mal preparados para valorarlos y confrontarlos. Esto causa serios problemas, por ejemplo, en el ámbito del matrimonio y la vida familiar, que están experimentando "una crisis generalizada y radical" en muchas partes del mundo†(PCCS. Ética en Internet, 11).
Para la Iglesia "la libertad de buscar y conocer la verdad es un derecho humano fundamental, y la libertad de expresión es una piedra angular de la democraciaâ€. Ahora bien, “la ideologÃa de libertad radical es errónea y nociva, al menos para legitimar la libre expresión al servicio de la verdad. El error reside en la exaltación de la libertad ‘hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que serÃa la fuente de los valores. [...] De este modo, ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de acuerdo con uno mismo’. En esta forma de pensamiento no hay cabida para la auténtica comunidad, el bien común y la solidaridad†(PCCS. Ética en Internet, 12. 14).
La Iglesia propone cuatro soluciones.
1) Educación. En primer lugar "las escuelas y otras instituciones y programas educativos para niños y adultos deberÃan proporcionar formación con vistas al uso inteligente de Internet como parte de una educación completa en los medios de comunicación que no sólo incluye la capacitación técnica —primeras nociones de ordenador y otros conocimientos—, sino también la adquisición de una capacidad para evaluar de modo informado y sagaz los contenidosâ€. En segundo lugar “los padres deberÃan guiar y supervisar el uso que hacen de él sus hijosâ€. En tercer lugar “todos los usuarios de Internet deben usarlo de un modo maduro y disciplinado, con propósitos moralmente buenosâ€.
2) Regulación legal. “DeberÃa evitarse la censura previa de los gobiernos; ‘la censura [...] sólo se deberÃa usar en los casos realmente extremos’â€. Ahora bien, "la conducta delictiva en otros contextos es también conducta delictiva en el ciberespacio, y las autoridades civiles tienen el deber y el derecho de hacer cumplir las leyesâ€. Hacen falta también nuevas leyes para afrontar delitos especiales en Internet, como la difusión de virus de ordenadores, el robo de datos personales almacenados en discos duros, la difamación, el fraude, la pornografÃa en general y en especial la infantil.
3) Autorregulación. La autorregulación serÃa lo mejor. “La implementación de códigos éticos puede ser muy útil, con tal de que tengan propósitos serios e impliquen a los representantes del público en su formulación y aplicación, y que, además de dar estÃmulos positivos a los comunicadores responsables, apliquen penas adecuadas por las violaciones, incluida la censura públicaâ€.
4) Cooperación internacional. “El carácter transnacional de Internet, su peculiaridad de tender puentes sobre las fronteras y su papel en la globalización exigen la cooperación internacional. [...] Por ejemplo, cómo garantizar la privacidad de las personas y los grupos que observan la ley, sin impedir que se aplique la ley y permitiendo que el personal de seguridad vigile sobre delincuentes y terroristas; cómo proteger el derecho de propiedad intelectual sin limitar el acceso de la gente a material de dominio público, y cómo definir el concepto mismo de ‘dominio público’—; cómo establecer y mantener amplios depósitos de información en Internet plenamente accesibles a todos sus usuarios en las diversas lenguas; cómo proteger los derechos de la mujer con respecto al acceso a Internet y otros aspectos de las nuevas tecnologÃas de la información. En particular, la cuestión de cómo superar la brecha digital entre ricos y pobres en información requiere una atención seria y urgente, en sus aspectos técnicos, educativos y culturales. [Tenemos] una oportunidad única para contribuir a la globalización de la solidaridad" (PCCS. Ética en Internet, 15-17).
La novedad en nuestros dÃas está en la creciente generalización y difusión en los medios de comunicación: éstos han permitido que sean accesibles al gran público, incluidos niños y jóvenes. Este problema, que quedaba confinado antes en el ámbito de los paÃses ricos, ha comenzado, con la comunicación moderna a corromper los valores morales de las naciones en vÃas de desarrollo (PCCS. PornografÃa y violencia en las comunicaciones sociales, 5-6).
“Cuando los demás son presentados en términos hostiles, se siembran semillas de conflicto que pueden fácilmente convertirse en violencia, guerra e incluso genocidio. En vez de construir la unidad y el entendimiento, los medios pueden ser usados para denigrar a los otros grupos sociales, étnicos y religiosos, fomentando el temor y el odio. Los responsables del estilo y del contenido de lo que se comunica tienen el grave deber de asegurar que esto no suceda. Realmente los medios tienen un potencial enorme para promover la paz y construir puentes entre los pueblos, rompiendo el cÃrculo fatal de la violencia, la venganza y las agresiones sin fin, tan extendidas en nuestro tiempo. En palabras de San Pablo...: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien" (Rm 12, 21)†(Juan Pablo II. Mensaje para la 39ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2005. n. 2).
“La pornografÃa y la violencia sádica deprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan los individuos –especialmente las mujeres y los niños–, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedadâ€.
“Se ha dicho que puede haber una vinculación sicológica entre la pornografÃa y la violencia sádica. Quienes ven, escuchan o leen un material asà corren el riesgo de introducirlo en el propio comportamiento. De ahà que pueda actuar como agente de incitación o de reforzamiento, un cómplice indirecto, en agresiones sexuales graves y peligrosas, tales como la pedofilia, los secuestros y asesinatosâ€.
“La pornografÃa –como la droga– puede crear dependencia y empujar a la búsqueda de un material cada vez más excitanteâ€.
“La pornografÃa, además, cuestiona el carácter familiar de la sexualidad humana auténtica. En la medida en que la sexualidad se considere como una búsqueda frenética del placer individual, más que como una expresión perdurable del amor en el matrimonio, la pornografÃa aparecerá como un factor capaz de minar la vida familiar en su totalidadâ€.
“Es evidente que uno de los efectos de la pornografÃa es el pecado. La participación voluntaria en la producción y en la difusión de estos productos nocivos ha de ser considerada como un serio mal moral. Además, esta producción y difusión no podrÃan tener lugar si no existiera una demanda. AsÃ, pues, quienes hacen uso de estos productos no sólo se perjudican a sà mismos, sino que también contribuyen a la promoción de un comercio nefastoâ€.
“Una de las consecuencias fundamentales de la pornografÃa y de la violencia es el menosprecio de los demás, al considerarles como objetos en vez de personas†(PCCS. PornografÃa y violencia en las comunicaciones sociales, 10-18).
La causa principal parece ser la propagación de “una moral permisiva, basada en la búsqueda de la satisfacción individual a todo coste. Un nihilismo moral de la desesperación se añade a ello que acaba haciendo del placer la sola felicidad accesible a la persona humanaâ€.
Se pueden señalar también el beneficio económico de esta "industria" que es muy lucrativa, considerar que la libertad de expresión exige tolerancia hacia la pornografÃa y violencia y la ausencia de leyes cuidadosamente preparadas o su no aplicación que protejan el bien común, en particular, la moralidad de los niños y jóvenes (PCCS. PornografÃa y violencia en las comunicaciones sociales, 19-20).
“Profesionales de la comunicación. Se invita encarecidamente a estos profesionales a unirse para elaborar códigos éticos en materia de comunicación social y publicidad, inspirados en el bien común y orientados al desarrollo integral del hombre. Estos códigos se hacen especialmente necesarios en el contexto de la televisión, que permite que las imágenes entren en los hogares, allà donde los niños se encuentran a su aire y sin vigilanciaâ€.
“Padres. Se invita a los padres a que multipliquen sus esfuerzos en orden a una completa formación moral de niños y jóvenes. La cual supone una educación en favor de una actitud sana hacia la sexualidad humana, basada en el respeto a la dignidad de la persona como hija de Dios, en la virtud de la castidad y en la práctica de la autodisciplina. [...] El ejemplo de los padres es determinante en esta materiaâ€.
“Educadores. Son los principales colaboradores de los padres. Las escuelas y los programas educativos han de promover e inculcar los valores éticos y sociales, de cara a garantizar la unidad y el sano desarrollo de la familia y de la sociedadâ€.
“Jóvenes. Los jóvenes contribuirán a poner muros al avance de la pornografÃa y la violencia en los media si saben responder, positivamente, a las iniciativas de sus padres y educadores y asumir sus responsabilidades en lo que reclama capacidad de decisión moral, asà como en la elección de sus diversionesâ€.
“El público. Los ciudadanos -incluidos los jóvenes- tienen la tarea de expresar individual y colectivamente su punto de vista respecto a productores, intereses comerciales y autoridades civiles. Se hace urgente mantener un diálogo continuado entre los comunicadores y los representantes del público, a fin de que quienes actúan en las comunicaciones sociales estén al corriente de las exigencias reales e intereses de los usuariosâ€.
“Autoridad pública. […] Se han de promulgar leyes sanas, se han de clarificar las ambiguas y se han de reforzar las leyes que ya existen. Dadas las implicaciones internacionales que presentan la producción y distribución de material pornográfico, hay que actuar a nivel regional, continental e internacional de cara a controlar con éxito este insidioso tráficoâ€.
“Iglesia y grupos religiosos. La primera responsabilidad de la Iglesia consiste en la enseñanza constante y clara de la fe y, asimismo de la verdad moral objetiva, incluidas aquellas verdades referentes a la moral sexual. Una era de permisividad y de confusión moral como la nuestra pide que la voz de la Iglesia sea profética, lo que la hará aparecer a menudo como signo de contradicción. […] En donde sea posible, la Iglesia está llamada a colaborar con otras Iglesias cristianas, comunidades y grupos religiosos a fin de enseñar y promover este mensaje. Debe igualmente empeñar a sus personas e instituciones en una acción formativa al uso de los medios de comunicación social y su papel en la vida individual y social. En este campo los padres merecen una asistencia y atención especial†(PCCS. PornografÃa y violencia en las comunicaciones sociales, 21-29).
“Por una parte, el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes como el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a los demás. Esto vale también para los programas de los medios de comunicación social que reconocen los fracasos y las decepciones que sufren inevitablemente los matrimonios y las familias "tensiones, conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos dolorosos", pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo correcto de lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus falsificaciones, y mostrar la importancia insustituible de la familia como unidad fundamental de la sociedad.
Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la actividad sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrÃtico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones, al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican al bien común de la sociedad.
Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad especial los agentes de la comunicación, las autoridades públicas y los padres†(Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 3-4).
Sin duda la Iglesia deberÃa proporcionar este tipo de educación (cf. Vaticano II. Aetatis novae, 28; Comisión pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 107). “’La comunidad, consciente del influjo de los medios de comunicación, se educa para utilizarlos en orden al crecimiento personal y comunitario con la claridad evangélica y la libertad interior de quien ha aprendido a conocer a Cristo (cf. Gal 4,17-23). En efecto, esos medios proponen, y con frecuencia imponen, una mentalidad y un modelo de vida que debe ser confrontado continuamente con el Evangelio. A este propósito desde muchos lugares se pide una profunda formación para la recepción y el uso crÃtico y fecundo de esos medios’ (Congregación para los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Vida fraterna en comunidad, 34)â€.
Pero no solo la Iglesia. “De igual modo, los padres tienen el serio deber de ayudar a sus hijos a aprender a valorar y usar los medios de comunicación, formando correctamente su conciencia y desarrollando sus facultades crÃticas (cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 76). Por el bien de sus hijos, y por el suyo, los padres deben aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación. De acuerdo con la edad y las circunstancias, los niños y los jóvenes deberÃan ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espÃritu crÃtico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial. Puede ser útil a las familias —padres e hijos juntos— reunirse en grupos para estudiar y discutir los problemas y las ventajas que plantea la comunicación social†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia familiar, prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades familiares. Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A menudo les podrÃa resultar útil unirse a otras familias para estudiar y discutir los problemas y las oportunidades que plantea el uso de los medios de comunicación. Las familias deberÃan manifestar claramente a los productores, a los que hacen publicidad y a las autoridades públicas lo que les agrada y lo que les desagrada†(Juan Pablo II. Mensaje para la 38ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2004. n. 5).
"La educación para los medios deberÃa ser positiva. Cuando se pone a los niños delante de lo que es estética y moralmente excelente se les ayuda a desarrollar la apreciación, la prudencia y la capacidad de discernimiento. En este punto, es importante reconocer el valor fundamental del ejemplo de los padres y el beneficio de introducir a los jóvenes en los clásicos de la literatura infantil, las bellas artes y la música selecta. Si bien la literatura popular siempre tendrá un lugar propio en la cultura, no deberÃa ser aceptada pasivamente la tentación al sensacionalismo en los lugares de enseñanza. La belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos.
La educación para los medios, como toda labor educativa, requiere la formación del ejercicio de la libertad. Se trata de una tarea exigente. Muy a menudo la libertad se presenta como la búsqueda frenética del placer o de nuevas experiencias. Pero más que de una liberación se trata de una condena. La verdadera libertad nunca condenarÃa a un individuo - especialmente un niño - a la búsqueda insaciable de la novedad. A la luz de la verdad, la auténtica libertad se experimenta como una respuesta definitiva al "sÃ" de Dios a la humanidad, que nos llama a elegir lo que es bueno, verdadero y bello, no de un modo discriminado sino deliberadamente. Los padres de familia son, pues, los guardianes de la libertad de sus hijos; y en la medida en que les devuelven esa libertad, los conducen a la profunda alegrÃa de la vida (cf. Discurso en el V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia, 8 julio 2006)†(Benedicto XVI. Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2007. n. 2).
“La educación en el uso de los medios de comunicación, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ha de ayudar a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos, que constituyen un aspecto de la formación de la conciencia†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 25).
“Reconociendo toda la importancia de mantener y continuar poniendo en marcha las medidas de reglamentación y autorregulación, estamos convencidos de que una de las mejores «formas de protección» y de las más duraderas consiste en dotar a los niños de la comprensión y de las capacidades necesarias para poder ser interactivos con los medios con una actitud crÃtica.
La educación en los medios es el instrumento clave para favorecer no sólo la comprensión crÃtica de los medios por los jóvenes mediante el análisis, sino también su participación crÃtica como productores culturales que están en su derecho. Es esencial equiparles para que lleguen a ser participantes activos en la cultura mediática que les envuelve. En este sentido, la educación en los medios puede desarrollar la capacidad propia de los niños para protegerse del entorno mediático más amplio y, lo más importante y positivo, ayudarles a comprender y a saber tratar con este entorno. Los padres tienen una responsabilidad especial que es la de proteger y permitir a sus hijos adoptar este acercamiento crÃtico a los medios†(Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), Una llamada a educar en los medios de comunicación, Año 2001. n.4).
“El cada vez más importante sector mediático de las “nuevas pantallas†está siendo además favorecido en su expansión por un creciente interés económico ante los beneficios que genera. A ello se une la falta de una completa regulación de las administraciones públicas, especialmente en lo que se refiere a los videojuegos, lo que hace muy vulnerable estos medios a la transmisión de contenidos inadecuadados, cuando no dañinos, para los más pequeños. Algo similar ocurre en el terreno televisivo con la falta de cumplimiento en la parrilla de programación de las normas y acuerdos adoptados sobre emisiones inadecuadas en horas de visionado infantil. A todo esto habrá que poner el remedio que exige una responsable y madura sociedad civil y los ciudadanos han de reclamar, individual o asociadamente. Los derechos a la libertad de expresión y de mercado, que pudieran invocarse para justificar estas prácticas, han de tener en cuenta que sólo son válidos si se armonizan con otros derechos fundamentales. Asà lo expresó el Papa Juan Pablo II al afirmar que “no se puede escribir o emitir sólo en función del Ãndice de audiencia, a despecho de servicios verdaderamente formativos... No hay libertad, incluida la libertad de expresión, que sea absoluta: ésta está limitada por el deber de respetar la dignidad y la libertad legÃtima de los demás†(Discurso con motivo del Jubileo de los periodistas. Roma, 4.06.2000)†(CEMCS. Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2007. nº 3).
SerÃa un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación. Esto no vale solamente para los seminaristas, para miembros de comunidades religiosas en perÃodo de formación y para los jóvenes laicos católicos; vale para todo el personal de la Iglesia. Si los medios de comunicación son «neutrales, abiertos y honrados», ofrecen a los cristianos bien preparados «un papel misionero de primer plano», y es importante que éstos estén «bien formados y se les apoye» (Para una pastoral de la cultura, 34). Los pastores también deberÃan ofrecer a sus fieles orientación acerca de los medios de comunicación y de sus mensajes, a veces discordantes e incluso destructivos (cf. Código de Derecho Canónico, c. 822, § 2 y 3) (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales 26).
“Un flujo recÃproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son expresiones importantes del «derecho fundamental al diálogo y a la información en el seno de la Iglesia» (Vaticano II. Aetatis novae, 10; cf. Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 20).
El derecho de expresión debe ejercerse con deferencia a la verdad revelada y a la enseñanza de la Iglesia, y respetando los derechos eclesiales de los demás (cf. Código de derecho canónico, c. 212, § 1, 2 y 3; c. 220)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
PÃo XII, "al encontrarse con los editores de periódicos católicos, les decÃa que algo faltarÃa en la vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias, y el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, reconoce el derecho a expresar la propia opinión. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea lÃmites intrÃnsecos a la expresión de las propias valoraciones, no es menos cierto que en otros campos, existe entre los católicos un espacio para el intercambio de opiniones, en diálogo respetuoso con la justicia y la prudencia" (Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 12).
“Quienes representan a la Iglesia deben ser honrados e Ãntegros en sus relaciones con los periodistas. Aun cuando «sus preguntas provocan algunas veces perplejidad y desencanto, sobre todo cuando corresponden poco al contenido fundamental del mensaje que debemos transmitir», debemos tener presente que «esos interrogantes desconcertantes coinciden con los de la mayor parte de nuestros contemporáneos» (Para una pastoral de la cultura, 34). Si la Iglesia quiere hablar de modo creÃble a la gente de hoy, quienes hablan en su nombre tienen que dar respuestas creÃbles y verdaderas a esas preguntas aparentemente incómodas†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
“Como sucede en otras comunidades e instituciones, a veces la Iglesia necesita —y en ocasiones tiene el deber— de practicar la reserva y la discreción. Pero no deberÃa hacerlo con miras a la manipulación y al control. Dentro de la comunión de fe, quienes «poseen la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los que son miembros del pueblo de Dios y tienen, por tanto, la verdadera dignidad de cristianos, aspirando al mismo fin, en libertad y orden, lleguen a la salvación» (Vaticano II. Lumen gentium, 18). La práctica correcta de la comunicación es uno de los modos de realizar esta concepción†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
“En primer lugar, y sobre todo, el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia deberÃa ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, asà como otros importantes principios y normas. Además de esto, los medios de comunicación de la Iglesia deberÃan esforzarse por comunicar la plenitud de la verdad acerca del significado de la vida humana y de la historia, especialmente como está contenida en la palabra de Dios revelada y expresada por la enseñanza del Magisterio. Los pastores deberÃan estimular el uso de los medios de comunicación social para difundir el Evangelio (cf. Código de Derecho Canónico, can. 822, § 1)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
No. A los Pastores corresponde, sobre todo, “hacerse intérpretes de esta exigencia: es importante preocuparse de que la propuesta del Evangelio se haga de modo incisivo y promueva su escucha y acogida (cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, Pastores gregis, 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6). Una especial responsabilidad en este campo está reservada a las personas consagradas quienes, desde su propio carisma, adquieren un compromiso en el ámbito de las comunicaciones sociales. Formadas espiritual y profesionalmente, las personas consagradas ‘presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos’. (Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, Vita consecrata (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476)†(Juan Pablo II. Carta Apostólica El Rápido desarrollo, 8).
“Los católicos, como los demás ciudadanos, tienen el derecho a expresarse libremente y por ello también el de acceder a los medios de comunicación para este fin. El derecho de expresión incluye la posibilidad de manifestar opiniones acerca del bien de la Iglesia, con el debido respeto a la integridad de la fe y la moral, respeto a los pastores, y consideración por el bien común y la dignidad de las personas (cf. Código de Derecho Canónico, c. 212, § 3; c. 227). Sin embargo, nadie tiene derecho a hablar en nombre de la Iglesia, ni a implicarla en lo que haga, sin haber sido designado expresamente; y las opiniones personales no deberÃan presentarse como enseñanza de la Iglesia (cf. ib., c. 227)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 26).
“El comunicador cristiano en particular tiene una tarea, una vocación profética: clamar contra los falsos dioses e Ãdolos de nuestro tiempo —el materialismo, el hedonismo, el consumismo, el nacionalismo extremo y otros—, ofreciendo a todos un cuerpo de verdades morales basadas en la dignidad y los derechos humanos, la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, el amor a los enemigos y el respeto incondicional a toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural; y buscando la realización más perfecta del Reino en este mundo, conscientes de que, al final de los tiempos, Jesús restablecerá todas las cosas y las restituirá al Padre (cf. 1 Co 15, 24)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 31).
Tanto el comunicador cristiano como la Iglesia y la sociedad en su conjunto se enfrentan a grandes desafÃos actuales en relación con los medios de comunicación.
a. Hay que tomar conciencia del viraje, o incluso del cambio de función que los medios están afrontando. Hoy la comunicación parece tener la pretensión no sólo de representar la realidad, sino también de determinarla. “Se constata, por ejemplo, que con respecto a algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de información, sino para ‘crear’ los acontecimientos mismos†(Benedicto XVI. Mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2008, 3).
b. “Hay que evitar que los medios de comunicación social se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético [y del utilitarismo], verdaderas plagas de nuestro tiempo†(Benedicto XVI. Mensaje para la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Año 2008, 5; cf. PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 15).
c. Hay que evitar también que participen “en la contemporánea ‘conjura contra la vida’, ‘creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida’ (Juan Pablo II. Evangelium vitae, 17) (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 15).
d. “Es de desear que la comunicación se haga según modelos culturales. Las sociedades pueden y deben aprender unas de otras. Pero la comunicación transcultural no deberÃa realizarse en detrimento de las más débiles†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 16).
e. Es necesario armonizar beneficio con servicio de interés público, entendido según una concepción integral del bien común. “Las decisiones sobre los contenidos y la polÃtica de los medios de comunicación no deberÃan depender sólo del mercado y de factores económicos —los beneficios—, puesto que éstos no contribuyen a salvaguardar el interés público en su integridad ni tampoco los legÃtimos intereses de las minorÃas†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 24).
f. La comunicación social puede unir a las personas en comunidades presididas por la simpatÃa y los intereses comunes. ¿Estarán dichas comunidades basadas en la justicia, la decencia y el respeto de los derechos humanos? ¿Se comprometerán en favor del bien común? ¿O, por el contrario, serán egoÃstas e introvertidas, buscando el beneficio de grupos particulares —económicos, raciales, polÃticos e incluso religiosos— a expensas de los demás? ¿Servirá la nueva tecnologÃa a todas las naciones y a todos los pueblos, respetando las tradiciones culturales de cada uno, o será un instrumento para aumentar la riqueza de los ricos y el poder de los poderosos? Corresponde a nosotros elegir (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 29).
“’El mismo Cristo en su vida se presentó como el perfecto comunicador. Por la encarnación se revistió de la semejanza de aquellos que después iban a recibir su mensaje, proclamado tanto con palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde dentro, es decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a su forma y modo de hablar y pensar, ya que lo hacÃa desde su misma situación y condición’ (Comisión Pontificia de las Comunicaciones Sociales. Communio et progressio, 11: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 3).
Durante la vida pública de Jesús las muchedumbres se reunÃan para escuchar su predicación y su enseñanza (cf. Mt 8,1.18; Mc 2,2; 4,1; Lc 5,1, etc.); él enseñaba ‘como quien tiene autoridad’ (Mt 7,29; cf. Mc 1,22;Lc 4,32). Les hablaba del Padre y, al mismo tiempo, los dirigÃa hacia sà mismo, explicando: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’ (Jn14,6) y ‘el que me ha visto a mÃ, ha visto al Padre’ (Jn 14,9). No perdió tiempo en discursos insustanciales o justificándose a sà mismo, ni siquiera cuando fue acusado y condenado (cf. Mt 26,63; 27,12-14; Mc 15,5; 15,61), pues su ‘alimento’ era hacer la voluntad del Padre que lo habÃa enviado (cf. Jn 4,34); y todo lo que decÃa y hacÃa guardaba relación con esa voluntad.
A menudo la enseñanza de Jesús adoptaba la forma de parábolas y relatos coloridos que expresaban profundas verdades con las palabras sencillas que se usaban a diario. No sólo sus palabras, sino también sus obras, especialmente sus milagros, eran actos de comunicación, que revelaban su identidad y manifestaban el poder de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 12). En sus comunicaciones mostraba respeto por sus oyentes, solicitud por su situación y sus necesidades, compasión por su sufrimiento (por ejemplo, véase Lc 7,13), y firme determinación de decirles lo que necesitaban oÃr, de un modo que debÃa atraer poderosamente su atención y ayudarles a recibir el mensaje, sin coerción ni componendas, sin engaño ni manipulación. Invitaba a los demás a abrir su mente y su corazón a él, sabiendo que éste era el modo de llevarles hacia él y hacia su Padre (véase, por ejemplo, Jn 3,1-15; 4,7-26).
Jesús enseñaba que la comunicación es un acto moral: ‘De lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el dÃa del juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado’ (Mt 12,34-37). Criticaba severamente a quienes escandalizaran a los ‘pequeños’, y aseguraba que a quien lo hiciera ‘era mejor que le pusieran al cuello una piedra y lo echaran al mar’ (Mc 9,42; cf. Mt 18,6; Lc17,2). Era completamente sincero; un hombre de quien se podÃa decir que ‘en su boca no se halló engaño’; y también: ‘al ser insultado, no respondÃa con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponÃa en manos de aquel que juzga con justicia’ (1 P 2, 22-23). InsistÃa en la sinceridad y en la veracidad de los demás, al mismo tiempo que condenaba la hipocresÃa, la inmoralidad y cualquier forma de comunicación que fuera torcida y perversa: Sea vuestro lenguaje: «SÃ, sû; «no, no», pues lo que pasa de aquà viene del maligno’ (Mt 5,37)†(PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, 32).
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JUAN PABLO II. El Rápido desarrollo, (24.01.2005 ) ( http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_20050124_il-rapido-sviluppo_sp.html )
PABLO VI, JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI. Mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (http://www.pccs.it/Doc_GMCS_spa.htm ).
COMISIÓN PONTIFICIA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, Communio et progressio, (23.05.1971), AAS 63 (1971), pp. 593-656; EV/4 nn. 781-967.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), PornografÃa y violencia en los medios de comunicación social, (07.05.1989), EV/11 nn. 2237-2270.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en la publicidad, (22.02.1997), EV/16 nn. 214-255.
CONSEJO PONTIFICIO PARA LA CULTURA, Por una pastoral de la cultura, (23.05.1999), EV/18 nn. 1036-1134.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en las comunicaciones sociales, (04.06.2000), EV/19 nn. 875-932.
CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES (PCCS), Ética en Internet, (22.02.2002), LEV, Ciudad del Vaticano 2002.
COMISIÓN DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES DE LA COMUNIDAD EUROPEA (COMECE), Una llamada a educar en los medios de comunicación. Año 2001, n. 4).
COMISIÓN EPISCOPAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL (CEMCS). CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. Mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las comunicaciones Sociales. En José Francisco Serrano Oceja (Editor), Los Obispos españoles y las Comunicaciones Sociales. Mensajes de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social a lo largo de su historia. EDICE. Madrid. Año 2000.
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